De un cementerio al otro. Desde el de Libertad al de la Chacarita. En duelo de Funebreros, el de San Martín pareciera tener un destino fijado, casi imposible de cambiar, más allá de los intentos desesperados. Se cae a pedazos, no para de perder ( sumó apenas un punto de los últimos 21 en juego) y profundizó una crisis que no tiene fin.
La derrota contra Midland se podía sentir desde el comienzo del encuentro. Se sentía en el aire. Porque la visita fue un equipo sin energía, sin alma, sin entrega y con problemas en todas las líneas. Ni siquiera halló respuestas anímicas luego del golpazo que recibió la fecha pasada en el tropezón en su propia cancha en el clásico con Atlanta.
Chaca deambula en el terreno de juego. No tiene un horizonte. No tiene una idea. No tiene nada. El Huevo Rondina, hincha fanático de Midland, dejó por un rato la tribuna del estadio para sufrir en carne propia lo que el club de sus amores le hizo al conjunto que dirige… por el momento. “La situación apremia. Uno entiende que el domingo (ante Quilmes) para uno es una situación límite. Es un partido sumamente importante”, señaló el entrenador después del partido que se disputó a pocos metros de su casa.
Los cambios no funcionaron, la vuelta a la línea de cinco no trajo soluciones ni le dio seguridad al fondo. Para nada. El gol de Matías Flores a los 39 minutos del primer tiempo fue fiel reflejo de eso. Porque el chiquitín de Midland pasó entre los centrales, capturó una pelota profunda y definió sin inconvenientes ante la salida de Federico Losas.
Como si fuera poco, Chacarita tampoco fue capaz de sacar provecho de las pocas chances de creó: Cristian Guanca se enredó solito cerca del área chica y Alexis Domínguez falló una oportunidad clara.











