Traigan páginas en blanco, que historia sobra. Lionel Messi volvió a desafiar este miércoles las leyes de la física, sus propios límites y al rival más implacable que haya tenido que enfrentar: el tiempo. A sus 39 años demostró una vez más que el hambre de gloria no se le termina, que su gen competitivo es único y que la fecha de nacimiento es solo un número. Su gol 100 -suspendiéndose en el aire para ganar de cabeza en el 929 de su carrera- y su asistencia 56 -de córner, otra vez, para Casemiro- le dio su título 47, revalidando la corona como el futbolista más ganador de todos los tiempos (Dani Alves quedó en 43), gracias al 2-0 sobre Cruz Azul en la Campeones Cup.
MESSI HEADS IT IN! 😱
Leo’s 100th career goal for @InterMiamiCF opens the scoring against Cruz Azul in @CampeonesCup. pic.twitter.com/M1cI6nOIhC
— Major League Soccer (@MLS) September 17, 2026
Fue la cuarta estrella de su historia para Las Garzas, todas desde que en julio de 2023 desembarcó la leyenda rosarina y la primera en su flamante NU Stadium, que vivió quizás su noche más gloriosa y con más público en las tribunas. Justo cuando en los medios estadounidenses se hablaba de una baja en el interés de los fanáticos por la franquicia que comandan los hermanos Mas y David Beckham.
Esta vez, como campeón de la MLS, derrotó a la Máquina Cementera, el campeón de la Liga de México al que Messi le había convertido su primer gol en su llegada a Miami. Y fue el estreno triunfal de Cristian Kily González como DT del conjunto rosa, el tercero de la temporada después de Javier Mascherano y Angel Guillermo Hoyos, todos argentinos.
Pero volvamos a Messi, porque quien haya visto el despliegue bajo un diluvio de la Pulga se debe estar preguntando todavía “¿cómo hace?”. Cómo puede elevarse con sus 170 centímetros para ganarle a un “gigante” como Willer Ditta, el defensor colombiano que quiso comprar River en este mercado de pases, para cabecear el centro de Luis Suárez y poner el 1-0 a los 22 minutos. Cómo puede encontrar siempre el lugar indicado para hacerse el tiempo de habilitar con pie de ángel al uruguayo, que casi convierte el segundo.
Cómo, después de más de 21 años en el fútbol profesional, puede seguir enojándose con los árbitros para sumar combustible cuando no le cobran una falta. Cómo puede mostrar una velocidad supersónica ante rivales de entre 15 y 20 años más jóvenes para dibujar un surco desde la mitad de cancha hasta el área. Cómo puede reinventarse y encontrar nuevos socios como Casemiro, al que por tercera vez le ejecutó un córner perfecto para que ponga la cabeza y liquide la historia con el 2-0.
Messi to Casemiro! 🤝
These two link up again for Casemiro’s fourth goal in five games and @InterMiamiCF leads Cruz Azul 2-0 in @CampeonesCup. pic.twitter.com/HoHuHTyEMQ
— Major League Soccer (@MLS) September 17, 2026
En verdad, quizás, la única (y simple, si se quiere) explicación sea que ama el fútbol. Que lo disfruta con esa sonrisa que se le dibuja en el rostro en cada gol, en cada acierto, en cada celebración. Que quiere ser ejemplo para sus hijos y para todos esos pequeños fanáticos que usan su camiseta en todo el planeta.
También Messi, en la noche de Miami, jugó por algo más. Jamás lo dirá, porque su personalidad no es la de Lamine Yamal o Kylian Mbappé. Jugó para decir “acá estoy yo”. Para recordar que, como hace más de 20 años, sigue dominando el fútbol. Y para que aquellos que tengan dudas se convenzan: el Balón de Oro 2026 tiene nombre y apellido, nació en Rosario hace 39 años y sigue reescribiendo las páginas en blanco de su propia historia.









