Brilla. Como hacía tiempo no lo hacía y con el objetivo de que sobre él, el fútbol haga lo propio. El campo de juego del estadio Monumental alcanzó en las últimas semanas su estado óptimo. Brilla, sí. Como la circunsferencia LED que se le agregó al anillo externo del Liberti, resaltando con luces rojas y blancas la paleta cromática de aluminio que reviste a la cancha. Que, por dentro, también está óptima.
Un estándar de calidad al que se llegó luego de un proceso que se extendió en el tiempo por diversos factores, y que podrá certificarse en los tres próximos encuentros que se desarrollarán en Figueroa Alcorta y Udaondo: el River–Huracán de este sábado y las dos presentaciones de la Selección Argentina en la fecha FIFA. Incluyendo la despedida de Lionel Messi.
La práctica que el plantel desarrolló en el Monumental fue el último indicio de que el terreno está a la altura de las expectativas del club: en las semanas anteriores, los trabajos de los días previos a los partidos se habían trasladado al predio de Avenida Cantilo en pos de evitar que los ejercicios retrasaran la puesta a punto de la renovación del campo. Uno que volvió a ser híbrido 95%/5% como en su reestreno, allá por 2021.
La mejora sustancial ha permitido que River vuelva a entrenarse en casa. Una que cambió definitivamente su aspecto a nivel campo: para dimensionar la recuperación hay que volver a la imagen que había mostrado el Monumental a finales del primer semestre y durante parte del arranque del segundo. Y es que la institución había adelantado los trabajos de transición de la gramínea bermuda al raigrás perenne, una intervención que habitualmente se realiza entre abril y mayo. El procedimiento comenzó durante la fecha FIFA de finales de marzo, que coincidió con los tres recitales que AC/DC brindó en el estadio.
Los recitales que demoraron la resiembra
Aquella serie de recitales (tres fechas) había generado cierta demora en el progreso de resiembra: la acumulación de lluvia y el tiempo que el terreno estuvo cubierto entre fechas no ayudó a que se avanzara a un ritmo veloz. Y eso motivó a que se adoptaran distintas medidas.
Como parte de esos trabajos, por ejemplo, se había realizado un arenado -también conocido como top dressing- para cubrir las semillas y favorecer su germinación, darle uniformidad a la superficie y contribuir a la oxigenación de las raíces. Ese tratamiento había dejado una huella visible durante los partidos disputados por el entonces equipo de Eduardo Coudet.
Además, la intervención incorporó una diferencia respecto de la realizada en 2020, cuando se modificó la estructura y se hicieron conexiones debajo del campo: esta vez se utilizaron semillas importadas. Por su calidad superior, la expectativa del club era obtener mejores resultados a largo plazo y una mayor resistencia que la ofrecida por las nacionales, que ya presentaban deterioro y acumulaban desgaste por los trabajos de transición entre estaciones.
Sin embargo, el frío, las lluvias y la escasa presencia de sol habían afectado el proceso. Para contrarrestar esas condiciones y complementar el sistema de calefacción, River adquirió equipos de iluminación solar artificial que aceleran la fotosíntesis, destinados a sectores específicos del terreno.
Los cuidados adicionales ayudaron a que finalmente el terreno esté OK. Y si bien entre el partido ante Huracán y los de la Mayor habrá un recital (Lali toca el 26), en el club prevén que el tiempo que habrá de descanso entre el concierto y los encuentros, sumado a la tecnología aplicada, harán que esa alfombra verde esté como ahora. A la altura de Messi y del fútbol que River quiere desplegar.













