Las generaciones riverplatenses nacidas en este ciclo difícilmente lo recuerden al escuchar su nombre y apellido. Algunos que peinan canas, tampoco. No fue de los villanos más marketineros, pero vaya si le hizo daño a Núñez. Si Superman se acerca a la kryptonita y se debilita, River tuvo el efecto contrario en Derlis Francisco Soto, un atacante que cada vez que enfrentó a la banda roja con la camiseta de Huracán mostró todo su poder, a tal punto que le arruinó dos campeonatos en el Monumental y uno de ellos se lo dejó servido a San Lorenzo.
Nacido en Caaguazú, Paraguay, debutó en Guaraní en 1997, tuvo un breve paso por el Elche de España y a mediados del año 2000 llegó a Parque Patricios, donde encontró su lugar en el mundo. Con 53 partidos, club en el que más jugó, sí dejó un recuerdo especial en el Quemero, donde no se olvidarán jamás de aquellos golpazos que le dio a River.
El golpe que le allanó el camino al Boca de Bianchi
El 10 de diciembre de 2000, el equipo de Américo Rubén Gallego (36 puntos) peleaba mano a mano el título con Boca (38) y salió a la cancha sabiendo que el Xeneize había perdido con Chacarita en San Martín. Un triunfo ante los de Babington lo depositaría en la cima del Apertura a una fecha del final, pero Soto arruinó los planes: Javier Saviola encendió al Monumental con el 1-0 parcial, Derlis lo igualó en el segundo tiempo tras pase de Christian Chaparro y ese 1-1 final le dejó servido el título al conjunto de Bianchi, que se consagró luego ante Estudiantes en La Bombonera.
Otra tarde fatídica en Núñez para festejo de San Lorenzo
Seis meses más tarde, el 5 de junio de 2001, la historia se repitió. Los dirigidos por el Tolo esta vez estaban en plena lucha con San Lorenzo por el liderazgo del Clausura 2001 y Huracán otra vez le complicó la vida. Gerardo Morales puso el 1-0, la roja directa a Saviola complicó más los planes y DS la empujó debajo del arco para ser nuevamente una piedra en el zapato y silenciar al Liberti.
Si bien Damián Álvarez y Ariel Ortega le dieron vida nuevamente al Millonario, el paraguayo -jugó la Copa América 1997 y enfrentó una vez a Argentina por Eliminatorias- terminó de sacar la credencial de verdugo: anotó, de cabeza, el 3-2 sobre la hora, resultado de altísimo impacto porque además de dejar a River lejos del título también provocó el festejo en Boedo, campeón en la última fecha.
Después de su paso por Huracán, Soto tuvo un buen ciclo en Libertad, jugó Copa Sudamericana y Copa Libertadores y tuvo otros tres cruces frente al CARP, aunque en los 23 juegos en el Decano no pudo mandar la pelota al fondo de la red. Una señal de que el destino le preparó especialmente esas dos hazañas en Núñez, en las que anotó el 30% del total de sus goles en Huracán (10).
“No uso Whatsapp, ja. Mis chicos se burlan de mí, sigo con el 1100. No tengo contacto ni con Asunción, me gusta estar solo”, confesó hace algunos años, en medio del aislamiento por el Covid-19, el responsable de dos grandes desilusiones millonarias…











