El gol que Ferran Torres convirtió en el minuto 116 de la final del Mundial 2026 terminó con el sueño del bicampeonato de la Scaloneta, pero abrió otro partido. En pocas horas, la derrota de Argentina dejó de ser únicamente deportiva para convertirse en un fenómeno cultural y político.
Un partido de fútbol, en definitiva, amplificó prejuicios que ya existían y produjo reacciones que fueron desde el debate cultural hasta episodios de violencia y boicots en redes: acusaciones de racismo, críticas al comportamiento de los futbolistas, figuras internacionales opinando sobre el país, un hincha argentino agredido en el subte de Madrid y hasta una campaña en redes para devolver entradas del recital de Rosalía en Buenos Aires.
Hace menos de cuatro años, buena parte del mundo acompañó el sueño argentino en Qatar, impulsado por el deseo de ver a Lionel Messi levantar la Copa del Mundo. Pero ese apoyo externo en esta edición se diluyó. La garra criolla que salió de un equipo diezmado físicamente -especialmente contra Inglaterra, en la semifinal- ya no fue destacada sino castigada. Ahora, los argentinos no jugaban “limpio”.
Aymeric Laporte, capitán de La Roja, lo decía en la previa: “Hemos visto cosas que nos han extrañado muchísimo, acciones que se dejan pasar. Sobre todo con Argentina, que es un equipo que deja muchos recados”. Y comparaba: “Nosotros desde el principio del torneo hemos sido un equipo bastante noble en ese sentido. No somos de golpear al rival ni de hacer faltas locas”.
Ese clima dio lugar a un relato cada vez más hostil hacia Argentina, construido sobre denuncias falsas de ayuda de la FIFA, supuestos arbitrajes arreglados y teorías conspirativas que terminaron por instalar un ambiente de desconfianza. Fue ese contexto el que llevó al capitán argentino a pedir en la previa de la final: “Olvidémonos de todo”.
En el Metlife de Nueva Jersey, cuando el fútbol habló, la victoria de España fue categórica: dominó a un nivel tan alto que el equipo de Lionel Scaloni no remató ni una vez al arco. Pero el pitazo final entregó la imagen que sostuvo la narrativa que se había construido: Nahuel Molina se carajeó con Rodri y Leandro Paredes se peleó con Gavi y tomó del cuello a Eric García. Fueron apenas unos segundos, pero alcanzaron para recorrer el mundo y reforzar el relato que desde hacía días se construía alrededor de la Selección, relegando incluso la imagen de Lionel Messi despidiéndose de los Mundiales entre lágrimas.
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El orígen de la pelea cuando terminó la final del Mundial
Entonces, distintas figuras públicas aprovecharon la derrota para expresar críticas que excedieron el fútbol. El escritor español Arturo Pérez-Reverte sorprendió en redes sociales al lanzar una lapidaria crítica contra los jugadores de la Selección Argentina por su comportamiento: “No seamos injustos, no nos equivoquemos. Con su zafio comportamiento, sucias maneras y mal perder, la selección que jugó contra España no representó a Argentina, que es mejor que eso”. El famoso autor, que lleva editados más de 50 libros y es muy leído en el país, manifestó que eso reflejó “sólo a la parte más violenta e irracional de cierta detestable sociedad argentina”.
El actor español Javier Bardem, presente en Nueva Jersey, primero sostuvo que la flamante campeona del mundo “fue un ejemplo para millones de niños que han aprendido cómo se gana una final jugando limpio”. Pero luego, en una entrevista, mezcló política y deporte, incluso cuando dentro de la Scaloneta podría encontrarse con posiciones similares a la suya, en Cuti Romero, por citar a quien no le dio la mano a Donald Trump en la ceremonia de premiación.
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Javier Bardem: el apoyo de Milei a Netanyahu jugó en contra a Argentina en el Mundial
“Tener a un presidente como Milei apoyando un genocidio y estando orgulloso de ello, y figuras como Netanyahu, Ben-Gvir, apuntando a Argentina como una representación de ellos -lo que no es justo para Argentina- ha traído un peso extra al partido que no creo que pertenezca al fútbol, pero está en el ambiente. No creo que sea justo, porque hay mucha gente en Argentina que no apoya a Milei, igual que hay mucha gente en Estados Unidos que no apoya a (Donald) Trump”, explicó.
Entre las voces que se sumaron, una de las que más repercusión tuvo fue la del actor estadounidense Samuel L. Jackson, quien replicó sin contexto un mensaje viral: que Argentina es racista porque en su plantel no hay jugadores negros. La polémica se había iniciado en 2022, cuando The Washington Post admitió su error en un artículo de opinión que se preguntaba “¿por qué no hay más jugadores negros en la selección argentina?”.
El mensaje que reposteó Samuel L. Jackson contra la Argentina. Foto: Instagram“Queridas personas negras. Por favor, no alienten ni apoyen a Argentina para ganar la Copa del Mundo. Argentina ha sido históricamente uno de los países más racistas, si no el más racista, del mundo”, escribió el actor en su cuenta de Instagram, algo que fue repudiado por miles, incluida la escritora Flor Freijo, quien publicó: “Dice Samuel Jackson que Argentina es el país más racista del mundo, después de que su país abolió la segregación racial en 1965 y que, mañana mismo, estará deportando migrantes con violencia, mientras encierra a sus hijos de cinco años en centros de detención, payaso”.
Las redes sociales y especialmente X, un ecosistema donde la inmediatez y el contenido viral a menudo superan a la verificación de datos, era el terreno donde se debatía el merecimiento de la Selección. Si hasta fue ahí donde surgió la campaña para devolver las entradas de los shows que Rosalía dará en Buenos Aires, el 1, 2, 4 y 6 de agosto. La cantante replicó en TikTok un posteo de la ex actriz erótica Mia Khalifa que llevaba su tema La Perla y el mensaje “como suena la vida ahora que las perlas fueron derrotadas”, interpretado por muchos usuarios como una burla tras la derrota.
Los fanáticos de Rosalía en Argentina se pronunciaron sobre el video que recompartió la cantante española contra el equipo abiceleste. | Foto: InstagramEl punto de mayor tensión llegó cuando la hostilidad salió de las redes y pasó a la calle. En la estación Sol de Madrid, a 900 metros del epicentro de los festejos de la Roja por el título en Plaza Cibeles, un argentino vestido con la camiseta de la Selección fue agredido por un grupo reducido de españoles. Antes, entre los dos millones de personas que festejaron la segunda estrella, hubo un cartel que decía: “Velada del Año VII: Paredes vs. Gavi”, en referencia al popular evento de boxeo organizado por el streamer Ibai Llanos, que transformaba el cruce de los futbolistas en un supuesto combate de boxeo.
La Copa terminó con España levantando el trofeo. La discusión, en cambio, siguió mucho después del pitazo final. Durante un mes, Argentina y España protagonizaron una rivalidad deportiva que atrapó al mundo. Pero la final dejó en evidencia que, en la era de las redes sociales, un resultado ya no se discute sólo desde el análisis futbolístico: también reactiva viejos estereotipos, debates identitarios y enfrentamientos que trascienden los 90 minutos. Quizás por eso la mejor síntesis de todo lo que dejó el Mundial no estuvo en un análisis táctico ni en una conferencia de prensa, sino en la reflexión de Lisandro Martínez. El defensor, reemplazado por lesión, eligió responder al clima que rodeó a la Selección con una frase tan breve como contundente: “Recuerden que la caída de los grandes es la felicidad de los mediocres”.









