A una semana de terminado el Mundial, una de las grandes figuras que tuvo el certamen se expresó a través de sus redes sociales. Así como hizo Lionel Scaloni en las últimas horas, el francés Kylian Mbappé posteó una carta abierta para todo el pueblo francés luego del cuarto puesto del seleccionado de Didier Deschamps.
En su cuenta de Instagram, el máximo goleador de esta Copa del Mundo agradeció el apoyo de la gente a su selección, de la que es capitán, a pesar de no haber logrado el objetivo de llevar la copa a Francia por tercera vez en la historia.
“El título de máximo goleador, lo acepto con orgullo, pero hubiese sido muchísimo mejor con la copa además. Quizás les debíamos un final más bonito. Pero no siempre elegimos el final de la historia, elegimos lo que ponemos dentro, y lo hemos dado todo. De eso estamos orgullosos”, fueron de las palabras más destacadas del delantero del Real Madrid.
Es algo que “duele y dolerá durante un tiempo”, reconoció el atacante antes de, como capitán, agradecer por el trabajo del plantel. “Gracias a mis compañeros. Sin su trabajo, sus carreras, sus pases, sin ese espíritu de equipo que nos ha llevado del primer al último partido, nunca hubiese podido marcar tanto. Este título es tanto del grupo como mío”, puso el atacante de 27 años.
Por otra parte, destacó el trabajo de Deschamps, a quien “ya le he dicho lo que tenía que decir, lo sabe”. En el emotivo mensaje también valoró a los hinchas, quienes nunca los abandonaron. “Ni siquiera en los momentos más difíciles, ni cuando menos lo merecíamos. Esta historia la hemos escrito a varios millones de manos, no sólo 11 sobre el campo de juego, impulsados por el mismo fervor”, puso.
“Habrá otros partidos, otras tardes de verano o de invierno en las que nos volveremos a encontrar todos ante este mismo juego, con la misma ilusión intacta. Aún no hemos terminado de jugar juntos”, prometió Mbappé dejando un mensaje que ilusiona a todos los Galos de cara al futuro.
La carta completa de Mbappé
GRACIAS. Un mes de emoción. De superación. De orgullo por llevar los colores de Francia. De pasión, sobre todo, la misma que nos anima en el campo y que los anima a ustedes, frente a la pantalla como en las gradas. Eso es lo que hemos vivido juntos, una historia increíble.
No traemos un trofeo colectivo. Duele y seguirá doliendo un tiempo, no les voy a mentir sobre eso. El título de máximo goleador, lo acepto con orgullo, pero hubiese sido muchísimo mejor con la copa además. Quizás les debíamos un final más bonito. Pero no siempre elegimos el final de la historia, elegimos lo que ponemos dentro, y lo hemos dado todo. De eso, estamos orgullosos.
Gracias a mis compañeros. Sin su trabajo, sus carreras, sus pases, sin ese espíritu de equipo que nos ha llevado del primer al último partido, nunca hubiese podido marcar tanto. Este título es tanto del grupo como mío.
De pequeño, soñaba con jugar una Copa del Mundo, al menos una. He jugado tres, he ganado una y, este año, he tenido el orgullo de disputarla con la banda de capitán. Nunca lo olvidaré.
Ustedes se han quedado despiertos hasta tarde, a veces hasta el corazón de la noche según las zonas horarias, para vernos jugar al otro lado del mundo, se han reunido en casa, en los bares, en familia o entre amigos, por toda Francia y más allá.
Otros estaban lo más cerca posible de nosotros, en los estadios, con la bandera sobre los hombros. Niños con ojos brillantes, hombres y mujeres de todos los orígenes y todas las generaciones, reunidos alrededor del mismo placer, el del compartir. Esa es la fuerza de este deporte.
Y nunca nos han abandonado, ni siquiera en los momentos más duros, ni siquiera cuando lo merecíamos menos. Esta historia la hemos escrito con millones de manos, no solo once en el campo, impulsados por la misma pasión.
A Didier, ya le he dicho lo que tenía que decir, lo sabe. Gracias a él, a todo su equipo también, fisioterapeutas, cocineros, preparadores, chóferes, todos aquellos que nadie ve nunca y sin los cuales nada de esto sería posible. Y a quienes nos han recibido en Estados Unidos durante toda esta competición.
El fútbol, en el fondo, sigue siendo un juego. Un juego que tomamos muy en serio, que trabajamos toda una vida para intentar dominarlo, pero un juego al fin y al cabo, con sus reglas simples que no han cambiado desde que empezamos a jugarlo: pelota, arco, ganas de convertir. Por eso nos une a todos con la misma pasión.
Esta Copa del Mundo termina, pero la historia continúa. Habrá otros partidos, otras noches de verano o de invierno en las que nos reuniremos todos frente a ese mismo juego, con las mismas ganas intactas. No hemos terminado de jugar juntos. Gracias por todo.
















