Los problemas florecieron una vez consumada la derrota con Vélez. Porque Independiente está sufriendo, en mayor o menor medida, un síndrome del cual hace meses no logra escapar del todo: el de la manga corta. Claro, porque mientras Gustavo Quinteros exige refuerzos -hace ya un tiempo- en posiciones que durante todo el primer semestre el equipo sintió la falta de variantes, la dirigencia tiene que afrontar un dilema económico en los próximos 15 días.
La inhibición por el pase de Zabala
Por un lado, el Rojo debe levantar la inhibición que tiene en FIFA por el pase de Facundo Zabala, a Olimpia de Paraguay, para poder incorporar. ¿El monto? 1.000.000 de dólares más interéses. Daniel Seoane, secretario general del club, estuvo recientemente en suelo guaraní para acordar un posible plan de pagos pero no obtuvo éxito y, por eso, se deberá abonar todo el dinero junto.
La compra de Abaldo, otro compromiso para el Rojo
Pero el panorama se complejiza aún más porque, con ese millón, la CD planeaba pagar la primera cuota de la opción de compra de Matías Abaldo, la cual es de 3.000.000 de dólares. Encima, el plazo para cubrirla vence dentro de 15 días y, de no cumplirlo, deberá cancelar el monto total en una sola cuota…
En este contexto, Independiente se encuentra en una encrucijada en la cual tendrá que elegir el mal menor. Si salda la deuda por el lateral izquierdo podrá incorporar, al menos, al marcador central que suplante la venta de Kevin Lomónaco. Sin embargo, el caso del uruguayo podría derivar en una nueva inhibición. Si desde Mitre 470 optan por estar al día con Defensor Sporting por la operación de Abaldo, los refuerzos no llegarán y significaría avivar un fuego que ya produjo bastantes cortocircuitos puertas adentro.
Mientras tanto, los días pasan. La salida de Lomónaco al Grupo Pachuca es un hecho (ver aparte), Sebastián Valdéz está en duda frente a Platense y en el fondo las variantes escasean. Juan Arrayago o Fernando Closter, ambos de 17 años, se perfilan como posibles titulares el próximo sábado. Y los días pasan. El malestar de Quinteros lentamente se transforma en frustración porque las tres caras nuevas en el Rojo no fueron para ocupar los huecos que pidió tapar. Y ante ese panirama, Independiente sigue con la manga corta…

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