Pocos conocen mejor a River que él. Porque allí se crió. Porque eligió volver. Porque, cuando pudo irse sin obstáculos contractuales, prefirió no hacerlo por respeto a esa institución que ama como futbolista pero también como hincha. Y por ello quizás esté tan golpeado en estas horas, Lucas Martínez Quarta. Un futbolista por el que la dirigencia desestimó en las últimas horas una propuesta del fútbol de Qatar, que recibió llamados desde el exterior, y que con el mercado de pases abierto no se descarta que estudie una salida si resulta convincente para todas las partes.
Es tan cierto que la principal secuela de la eliminación ante Independiente Santa Fe ha sido la salida de Eduardo Coudet del cargo de entrenador como que posiblemente los daños colaterales se extiendan más allá del caso puntual del técnico. El penal por mano que derivó en el 1-1, el remate fallado en la serie (cuando no estaba designado; pidió ejecutar para redimirse de aquel error que decantó en la tanda) y los errores puntuales en distintos partidos han erosionado la figura de MQ, a punto tal que llegó a recibir silbidos en el pico más bajo del semestre anterior.
El propio jugador, al citar en Instagram un texto de Ariel Villasante, se había expresado elípticamente sobre su presente. Ese “que hablen” fue simbólico. Y estuvo seguido por el “van a hablar cuando te vayas, cuando te quedes, cuando cambies, cuando te equivoques, cuando empieces de nuevo. Van a hablar incluso cuando hagas las cosas bien, porque la gente siempre encuentra algo que decir sobre la vida de los demás”.
Indicios de lo que está sintiendo íntimamente: que todo parece orbitar sobre su figura. Hay algo que pesa, que lo incomoda en su propio hogar futbolero. Una realidad difícil de revertir que podría incluso tener réplicas cuando dentro de diez días, River vuelva a jugar en el Monumental para enfrentar a Independiente Rivadavia.
Martínez Quarta tiene una ligazón demasiado estrecha con River como para animarse a percudirla más allá de lo saludable. Y es por eso que así como el interés formal y membretado para comprar su ficha del fútbol árabe podría estudiarse con otra seriedad qué hacer si llega una nueva propuesta. Que las hubo, al menos en el plano informal: conversaciones con Celta de Vigo y Parma que no prosperaron más allá de un llamado porque la posición del club estaba clara: no quería perder a uno de los líderes del vestuario, bicampeón de Copa América, integrante del ciclo Scaloni y -sobre todo- entendedor del mundo en el que se mueve.
Posibles ofertas y futuro incierto
Porque el Chino es querido. Se le valora que haya decidido regresar apostando por el proyecto que entonces lideraba Marcelo Gallardo (antes del Mundial de Clubes; con él también pegó la vuelta Gonzalo Montiel) cuando se encontraba establecido en la Fiorentina. Y que diera la cara en situaciones complicadas. Pero la atmósfera ha cambiado. ¿Qué pasa si de aquí al 1° de septiembre, cuando cierre el libro de pases en los principales mercados, se reactiva o recibe una propuesta lo suficientemente interesante?
No resulta inverosímil imaginar una salida. Tampoco que por temperamento, parafraseando a MG, el defensor de 30 años elija seguir estando. Sobre todo por lo crítico del momento. Haga lo que haga, será por River.










