dos penales iguales con distinto criterio como avisó Troglio, un VAR que nunca llamó y dos jueces suspendidos en forma exprés

dos penales iguales con distinto criterio como avisó Troglio, un VAR que nunca llamó y dos jueces suspendidos en forma exprés

El reglamento del fútbol es uno solo, pero su aplicación volvió a quedar en el centro de la discusión en la séptima fecha del Torneo Clausura 2026 atravesada, cuándo no, por las polémicas arbitrales. Hubo dos penales con situaciones prácticamente calcadas que terminaron con resoluciones diferentes, una dura entrada que el VAR consideró que no ameritaba una revisión y hasta una decisión inédita de la Dirección Nacional de Arbitraje, que suspendió a dos jueces después de reconocer el insólito error que derivó en la anulación de un gol.

La comparación más evidente apareció entre Banfield-River e Independiente Rivadavia-Racing. En ambos partidos hubo un penal atajado, invasión de un futbolista del equipo defensor y, fundamentalmente, participación posterior de ese jugador en la continuidad de la acción. El primero se repitió. El segundo no. Y en el medio hubo una frase de Pedro Troglio que terminó funcionando casi como una advertencia de lo que ocurriría apenas unas horas más tarde.

La primera escena se produjo en el Florencio Sola. River ganaba 1-0 cuando Leandro Rey Hilfer sancionó un penal por una infracción de Tomás Adoryan sobre Thiago Almada. El campeón del mundo en Qatar 2022 tomó la pelota y remató hacia la derecha de Diego Rodríguez, que adivinó la intención y consiguió rechazar el disparo. La atajada parecía cerrar la jugada, pero el VAR, a cargo de Lucas Novelli, detectó una irregularidad.

No hubo adelantamiento del Ruso Rodríguez, que mantuvo un pie sobre la línea en el momento de la ejecución, sino invasión de futbolistas de Banfield. Y uno de ellos terminó interviniendo en la continuidad de la acción. Ese último detalle es fundamental para entender la decisión: no alcanzaba simplemente con detectar que había ingresado al área antes del remate, sino que su participación posterior en la jugada convirtió la infracción en punible. El VAR se lo comunicó a Rey Hilfer, Almada tuvo una segunda oportunidad, cambió el lugar de la ejecución y convirtió el 2-0 parcial de River.

Troglio no discutió la decisión, avalada por la letra chica de un reglamento que la mayoría desconoce, incluso los protagonistas. Su cuestionamiento fue otro: quería saber si, a partir de ese momento, la misma vara se aplicaría cada vez que ocurriera una situación semejante. “El reglamento dice que está bien cobrado, pero quiero ver, a partir de ahora, cuántas veces se va a cobrar esta jugada”, advirtió el entrenador de Banfield después de la derrota.

El experimentado DT incluso reconoció la infracción de sus propios futbolistas. “Es decir, yo acepto que hay invasión de tres jugadores míos, de una milésima de pie, y de un jugador de River”, explicó. Y enseguida insistió sobre el punto que realmente le provocaba fastidio: “Los cuatro jugadores están adelantados. El reglamento avala lo que se cobró, pero yo espero que, a partir de hoy, se cobre siempre. Ese es el problema que tenemos con el VAR, que no siempre se cobran estas situaciones que pasan. Esa es la bronca, nada más. Después está bien cobrado”, remató.

Troglio no tuvo que esperar ni siquiera hasta la fecha siguiente para poner a prueba su advertencia. Unas horas más tarde, en Mendoza, ocurrió una situación prácticamente idéntica y la resolución fue diferente. Independiente Rivadavia tuvo un penal a favor ante Racing después de otra intervención del VAR. Mateo Martínez sujetó a Leonel Bucca dentro del área hasta quitarle la camiseta y Álvaro Carranza, que inicialmente no había sancionado la infracción, fue convocado al monitor. Después de observar las imágenes cambió su decisión y señaló el punto penal.

Álex Arce se hizo cargo de la ejecución y Facundo Cambeses respondió con una gran atajada. Pero la acción no terminó allí. La pelota dio en un palo después del rechazo del arquero y Gonzalo Escudero, futbolista de Racing, terminó despejándola. ¿El problema? Escudero había ingresado al área antes de que Arce ejecutara.

Es decir, no se trató únicamente de una invasión sin consecuencias. El futbolista que había entrado anticipadamente participó directamente de la continuidad de la jugada, el mismo elemento que unas horas antes había provocado la intervención del VAR y la repetición del penal de Almada. Esta vez no hubo llamado. Carranza no recibió ninguna advertencia desde la cabina y el penal no se repitió.

La comparación resulta inevitable: en Banfield hubo invasión, intervención posterior del infractor y repetición; en Mendoza hubo invasión, intervención posterior del infractor y continuidad del juego. Dos situaciones sometidas a la misma regla, en la misma fecha y separadas apenas por unas horas, terminaron juzgadas con criterios diferentes.

Así, la frase de Troglio terminó describiendo el problema antes de que volviera a producirse. El entrenador de Banfield no había cuestionado la repetición del penal de River. Había pedido que, una vez establecida esa vara, se utilizara siempre. Unas horas después, una situación equivalente recibió otra respuesta. Pero no fue la única controversia arbitral de una fecha especialmente complicada.

En la Bombonera, el viernes, Leonel Flores protagonizó una dura entrada sobre Sasha Marcich durante el primer tiempo de Boca-Lanús. El futbolista local impactó con los tapones sobre la pierna izquierda del jugador del Granate y Pablo Dóvalo resolvió la acción con tarjeta amarilla. Desde el VAR, Germán Delfino revisó las imágenes pero no consideró que existiera un error claro y manifiesto que justificara convocar al árbitro al monitor para evaluar una posible expulsión.

La decisión generó fuertes protestas en Lanús. La discusión ya no estuvo relacionada con una aplicación objetiva como puede ser determinar si un futbolista invadió el área en un penal, sino con la interpretación de la intensidad, el punto de contacto y el riesgo para la integridad física del adversario. Para Dóvalo y Delfino alcanzó con la amarilla. Para Lanús, la entrada merecía roja.

Y el episodio más contundente de la fecha había ocurrido en el estadio Guillermo Laza durante Deportivo Riestra-Vélez. Manuel Lanzini convirtió sobre el final el gol que significaba el 2-1 para el Fortín, pero Nazareno Arasa terminó anulándolo después de ser convocado por Diego Ceballos desde el VAR para revisar una supuesta infracción de Dilan Godoy sobre Cristian Paz.

Las imágenes provocaron desconcierto porque no mostraban una falta que justificara la intervención del VAR y mucho menos la anulación del gol. La bronca de Guillermo Barros Schelotto fue proporcional a la magnitud de la decisión. El entrenador de Vélez, que había sido expulsado durante el partido pero insistió en presentarse igualmente en la conferencia de prensa, apuntó directamente contra los responsables: “Creo que Arasa y Ceballos no tienen que dirigir nunca más a Vélez ni en campo ni en VAR”. Y fue todavía más lejos al adjudicarles el resultado y sus consecuencias en la tabla: “Creo que tanto Arasa como Ceballos tienen la responsabilidad de que Vélez no esté puntero. Me da tristeza, Vélez debería estar en la punta y no lo está”.

Esta vez la controversia tuvo una consecuencia poco habitual: la Dirección Nacional de Arbitraje reconoció el error y decidió suspender a Arasa y Ceballos, que quedaron apartados de las designaciones. La medida fue inédita no solamente por la rapidez con la que se tomó sino por el reconocimiento público de una equivocación arbitral y la sanción inmediata a los responsables.

La fecha dejó así tres discusiones diferentes alrededor del mismo problema. En Vélez-Riestra hubo un error que la propia conducción arbitral consideró lo suficientemente grave como para suspender a los jueces involucrados. En Boca-Lanús existió una jugada de interpretación en la que árbitro y VAR coincidieron en sostener la amarilla. Y entre Banfield-River e Independiente Rivadavia-Racing apareció acaso la contradicción más difícil de explicar: dos situaciones prácticamente iguales recibieron respuestas distintas.

El VAR puede establecer con precisión si un futbolista ingresó al área antes de una ejecución, ofrecer diferentes cámaras para analizar una infracción y permitir que un árbitro vuelva a observar una acción cuantas veces resulte necesario. Lo que la tecnología todavía no consiguió uniformar es el criterio y las decisiones de quienes miran esas imágenes.





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