La polémica fue en la puerta de una de las áreas. En lo álgido de la discusión, el 2 de Barrio Quinta perdió los estribos y le pegó una trompada al árbitro. Producto de la agresión, el defensor terminó preso y quien debía impartir justicia en el duelo contra Santa Catalina, por la Liga Sanlorencina en Capitán Bermúdez, terminó lastimado en su pómulo derecho y recibió atención médica.
El conflicto, indicaron medios locales, comenzó cuando Hugo Walter Masuelli, de 53 años, expulsó a quien fue identificado como Jorge G., de 35 años. Entonces, en medio del tumulto, llegó la agresión. Un golpe de puño al rostro de la víctima que lo noqueó y provocó que al agresor no solamente lo custodie un compañero hacia afuera del campo de juego, sino también la policía hasta la comisaría, en condición de detenido.
Con camiseta celeste y blanca, símil a la de la Selección Argentina o Racing, el agresor quedó a disposición de la fiscalía que intervino en la causa, mientras que Masuelli debió recibir atención médica, ya que resultó lastimado en su pómulo derecho.
Las imágenes de la agresión fueron rápidamente viralizadas. Allí, se observa que mientras un jugador de San Catalina, rival de turno de Barrio Quinta, es levantado del suelo tras una jugada de la que no se difundieron detalles, se notan algunos empujones, dentro una aglutinación de futbolistas, en medio de la cual está el referí, vestido con camiseta rosada.
Instantes después, se lo llega a observar mostrando, con su mano derecha en alto, la tarjeta roja y jugadores de Barrio Quinta que se le acercan para protestar.
Tras lo que parece un primer intento de amedrentamiento contra la autoridad del juego, repentinamente el 2 concreta la agresión y el árbitro cae al suelo boca abajo. De pie, jugadores del equipo sancionado intentan darle continuidad no al juego sino a la agresión y a la protesta por la sanción dictada.
De inmediato, un hombre y una mujer, asistentes del árbitro en el partido, ingresan corriendo para socorrerlo, mientras la víctima es asistida por otros futbolistas. En sentido contrario y de manera simultánea, al agresor se lo lleva un compañero empujándolo desde atrás. Acto seguido ingresan oficiales de la policía, quienes lo apresan, a pesar de que otras personas intentan impedirlo.
Tras varias idas y vueltas, discusiones y un juego absolutamente desvirtuado, las autoridades decidieron suspender el encuentro. Los gestos de los demás protagonistas parecen de incredulidad.
Según La Capital de Rosario, tras el incidente, ambas hinchadas se retiraron del lugar sin que se registraran nuevos incidentes. En redes sociales, en la previa del encuentro, el club del agresor había convocado a ver el partido y disfrutar de “buen fútbol en paz y en familia”.









