Luego de aquella eliminación ante Noruega en el Mundial 2026, Brasil jugó su primer amistoso. Pero con un nivel flojísimo. Y aún a pesar de que estaban pesos pesados como Vinicius, Raphinha, Bruno Guimaraes y Marquinhos. Porque estuvo a punto de perder contra Australia pero, gracias a un gol milagroso de cabeza en la última del partido, logró sacar un empate 1-1 este viernes, en el Queensland Country Bank de la ciudad australiana de Townsville.
Brasil salió a la cancha con Souza; Matheuzinho, Marquinhos, Reis, Douglas Santos; Guimaraes, Danilo Santos; Estevao, Raphinha, Vinicius y Endrick. Y aún a pesar de tener a cuatro delanteros bárbaros en el ataque, el primer tiempo de los brasileños fue tan malo que los hinchas se impacientaban y escribían críticas a mansalva en las redes sociales.
Dificultades para provocar situaciones de gol, ataques que tenían desenlaces malos, entre otras, marcaban unos 45 minutos de Brasil que encontró el gol justo antes de irse al descanso, aunque con un mal final: Estevao clavó un zurdazo para el 1-0 pero el árbitro, tras una revisión del VAR, lo anuló por una falta de Guimaraes en el arranque de la jugada.
Todo continuó 0-0 y en la segunda mitad, no cambió mucho. Hubo algunos ataques prometedores de Brasil, como un tiro de Raphinha tras una defensa mal parada de Australia que pasó por el costadito del palo: se lo recriminaron Endrick y Estevao, que lo acompañaban por el medio y la derecha y tenían mejor espacio para rematar.
Y Australia, que apostaba a un repliegue total, quebró la igualdad: Irakunda metió un tiro libre bárbaro sobre cuatro hombres de Brasil en la barrera -más un cocodrilo- y festejó con una pirueta tan buena como su tanto. Caras largas de todos los futbolistas y de Carlo Ancelotti, para nada conforme con lo que veía.
Y si Australia ya apostaba al repliegue, después del gol, directamente apostó a un colectivo oruga: defendía con los diez casi en el área y a Brasil no se le caía una idea para romper ese muro. No tenía asociaciones rápidas; no fabricaba ninguna pared y, a pesar de tener a buenos gambeteadores, tampoco buscaba situaciones de uno contra uno. Eran toques sin mucha creatividad, algún centro y algún remate después de reiterados pases que tampoco causaba peligro.
Fue, entonces, un cabezazo del ingresado Rayan, en la última del partido, colándose entre varios defensores y apuntando fuerte abajo para que la pelota le rebote al arquero y se meta con otro pique en el travesaño, lo que le dio el empate 1-1 al Scratch. Mucho por mejorar…
El próximo partido de la Canarinha será ante la India en Calcuta el próximo sábado 3 de octubre a las 11:00 (hora argentina).















