Pero cómo nos cuesta perder :: Olé

Pero cómo nos cuesta perder :: Olé


Mientras la paranoia y las teorías conspirativas de muchos continúan, Lionel Scaloni ya está en Pujato, su lugar en el mundo, y fue quien aportó un poco de cordura al rechazar cualquier tipo de presión antinatural previa a la final del domingo, que condicionara el partido.

La imaginación llegó a niveles insospechados. Están quienes preguntan por qué no expulsaron a Cucurella por apenas taparse la boca al hablarle a Messi, quien -insólitamente- llegó a reclamar una roja. También los que se indignan por la primera amarilla a Enzo Fernández. Hora tras hora aparecen nuevas interpretaciones para explicar por qué Argentina jugó tan flojo en un momento tan determinante, como si hubiera salido a la cancha condenada de antemano. Una locura.

Nos cuesta tanto perder que, con algunas decisiones, terminamos dándoles de comer a los envidiosos que esperaban la caída de un ciclo exitosísimo. También a quienes, desde otros países, miran con recelo que esta Selección juegue siempre al límite, que a veces cruce la raya y, con ese temperamento y fútbol, gane.

¿Hubo errores que alimentan las críticas? Sí. La reacción de Nahuel Molina metiéndole un manotazo a Rodrigo cuando corría a festejar. El cruce de Paredes que derivó en un ida y vuelta tan efímero como innecesario. Y el Ratón Ayala, ayudante de Scaloni, también aportó lo suyo con un cortito a Dani Olmo, quien se había ido de boca.

Paredes, foco de un conflicto post final.
REUTERS/Kai Pfaffenbach

Y hay más…

Otra imagen poco feliz fue la de no dar la cara frente al nuevo campeón, como marca el espíritu del fair play. No es algo grave, claro, sobre todo porque los jugadores argentinos fueron a agradecerles a sus hinchas. Pero no estuvo bien que la Selección le diera la espalda a España en la premiación. Ese es un momento para mostrar grandeza, incluso en el dolor.

Mientras muchos imaginan historias de FIFA pro Europa (hasta hace poco se hablaba de que ayudaban a la Selección…), favoritismos y complots, los jugadores -revalorizados como nunca por un subcampeonato que terminó siendo reconocido y celebrado por la gente- también tuvieron algunos desplantes innecesarios.

Qué difícil que nos resulta perder.

Scaloni aportó cordura: acá, al llegar a Pujato.
REUTERS/Juan Jose GarciaScaloni aportó cordura: acá, al llegar a Pujato.
REUTERS/Juan Jose Garcia

Scaloni, de Ezeiza a Pujato