Hace un año, Maximiliano Salas era el protagonista de una polémica novela de mercado por la decisión de ejecutar su cláusula de rescisión de 8M de euros para salir unilateralmente de Racing y sumarse a River por pedido de Marcelo Gallardo. La apuesta desde las oficinas del Monumental fue muy fuerte, por el monto y el modo, pero no arrojó las ganancias esperadas y su salida se dio más rápido de lo que se esperaba. El correntino, después de entrenarse en el predio Cantillo dentro del grupo de los borrados, viajó rumbo a Mendoza y en las próximas horas será jugador de Independiente Rivadavia, con el atractivo de que podrá jugar los octavos de la Copa Libertadores frente a Fluminense.
Tras el regreso de Sebastián Villa a Boca, la Lepra necesitaba poder de fuego en la ofensiva y el correntino fue el principal apuntado. La posibilidad de la Lepra de abonarle un salario similar al cobra en Núñez y el cambio de postura de River de b ajar sus pretensiones para empezar a concretar salidas de los jugadores marginados a través de préstamos fueron factores fundamentales que encaminaron la negociación.
A la espera de que se oficialicen los números de la transferencia, desde Núñez aseguran que se trata de un préstamo por 12 meses, sin cargo y con una opción de compra de 4M de dólares por el 50% del pase. Si bien el CARP no recuperará en este mercado aquella importante inversión realizada por un futbolista que tiene vínculo en el club hasta el 31 de diciembre de 2029, en lo inmediato River se ahorrará un salario importante. Además, a futuro, podría tener un importante ingreso si Salas retoma su mejor versión y el equipo de Alfredo Berti decide retenerlo una vez finalizada la cesión.
Sin embargo, en River se siguen lamentado por un fichaje que no funcionó. Porque el zurdo pasó de la voracidad a la intrascendencia en muchos partidos, perdió protagonismo con el propio Muñeco que tanto lo pidió y llegó a estar 171 días sin poder convertir, como si aquel festejo aplicando la ley del ex frente a Racing por Copa Argentina hubiera dado lugar al inicio de una maldición.
Resistido por los hinchas en el Monumental, con apenas un minuto en el Kempes en la última final del Apertura, el penal errado posteriormente contra Blooming pesó más que el gol -con complicidad del arquero- que anotó minutos después. “A veces no salen las cosas y hay que seguir intentando. Cuando uno trabaja con humildad puede conseguir todo, estoy convencido de eso”, expresó en medio de la despedida del primer semestre, que terminó siendo el adiós de River tras 37 partidos jugados y siete goles.











