Pocas noches fueron tan oscuras como aquella del 20 de agosto del 2025. Gélida y al mismo tiempo infernal. Caótica. Como si estuviera inspirada en La Divina Comedia. “Demencial”, publicó Olé en la tapa del jueves 21 para sintetizar lo que fue una de las barbaries más grotescas del fútbol sudamericano. Lo que tenía que ser el encuentro de vuelta de los octavos de final de la Copa Sudamericana entre Independiente y la Universidad de Chile, terminó siendo una guerra entre hinchadas por múltiples factores.
“Simpatizantes” de la U. arrojando todo aquello que una mente macabra lucubre desde la altura de la tribuna Pavoni Alta, la barra del Rojo respondiendo brutalmente – ¿Y los garantes de la seguridad?-. Una absoluta locura que se ramificó a puntos tales que todavía hay retazos que pueden explicar el cambio tan brusco que tuvo el mapa del equipo de Avellaneda.
Incluso en el conjunto chileno, porque luego de haber avanzado de ronda por decisión de Conmebol y quedar eliminado en semifinales a manos de Lanús posteriormente, Gustavo Álvarez dejó de ser su técnico y se marcharon 13 jugadores que firmaron planilla 365 días atrás. Y uno de ellos, justamente es Franco Calderón, hoy refuerzo de CAI. Hasta Michael Clark, dueño de Azul Azul S.A. (grupo accionista mayoritario de la U.) por aquel entonces, fue condenado a prisión recientemente por, entre otras cosas, lavado de dinero.
Pero a pesar de que son menos los futbolistas que se fueron del Rojo más adelante (nueve) y el costado político aún no se movió -hay elecciones a fin de año en el club-, es indudable que el mapa hizo un clic a raíz de todo lo sucedido ese 20 de agosto. Más allá de que Independiente no había comenzado de la mejor manera ese segundo semestre del 2025, con la temprana eliminación en octavos de Copa Argentina ante Belgrano, un mal arranque en el Clausura y la venta de una de sus figuras, Álvaro Angulo, aún había con qué confiar en ese plantel de Julio Vaccari, el artífice de un equipo que jugaba muy bien y que no por nada quedó a un paso de la final en el Apertura (cayó en penales contra Huracán).
Todo se desmoronó a partir de ese trágico episodio extradeportivo. El Libertadores de América – Ricardo Enrique Bochini estuvo bajo inspección varios días, lo que produjo la postergación de la fecha seis del Clausura frente a Platense, pactada para el 24 de agosto, al 24 de octubre y, en las jornadas siguientes, la tribuna Pavoni estuvo clausurada en su totalidad.
Pero si fuera poco, la crisis deportiva se agigantó a niveles históricos: 15 partidos consecutivos sin ganar estuvo el Rojo. 117 días sin un triunfo. Quedó a dos de igualar su peor marca en el profesionalismo, durante la campaña 2012/13, que culminó con el descenso a la B Nacional. En el encuentro 11, una derrota 1-0 con Banfield en Avellaneda significó la renuncia de Vaccari como entrenador del primer equipo y el timón del barco ya no tenía dueño.
Con un plantel en baja anímicamente, Gustavo Quinteros tomó las riendas con el objetivo de prender nuevamente la llama de la ilusión. Nada más lejano a eso. Mercados de pases turbulentos, cortocircuitos con la dirigencia y determinados futbolistas y una frase, luego de una tétrica eliminación por 4-0 en Copa Argentina con Atlético Tucumán, que resumió a la perfección la actualidad del club: “Ni los jugadores ni este cuerpo técnico son totalmente responsables de una continuidad de fracasos de un club grande como Independiente”.
Y uno de esos fracasos se debe explicar a partir de una noche trágica, como aquella del 20 de agosto de 2025. Porque hasta en el presente, ya sin Quinteros y ahora con Jadson Viera, que tiene cuatro meses (cuenta con una cláusula en su contrato que permite la terminación del mismo si la nueva CD no desea continuar con él como DT para 2027) para clasificar a una copa internacional -a tener en cuenta que aun pesa sobre la institución la sanción de siete compromisos a puertas cerradas justamente por los incidentes con los chilenos-.
Encima, para agregar aún mayor dificultad a la cuestión, el brasileño nacionalizado uruguayo tendrá como objetivo sostenerse en el cargo independientemente de cuál sea la dirigencia que tome el rumbo del club a partir de diciembre, luego de las elecciones. Todo ese hilo proviene de un ovillo que arrancó a rodar apenas irrumpió la violencia desenfrenada entre los hinchas de la Universidad de Chile e Independiente. Ese es el inicio de una pesadilla dantesca para el Rojo. Una que ni el mejor dramaturgo imaginaría para una novela.












