En el Ascenso, donde la paridad suele reinar en la mayoría de los duelos, la localía termina decantando muchos partidos. El aliento de la gente, el conocimiento de terrenos de juego que, en muchos casos, se encuentran en pésimo estado y la comodidad de no tener que viajar, son factores determinantes a la hora de definir el resultado. Y si hay algún lugar donde las cosas insólitas son propensas a suceder, esas son las categorías menores. En el Muñiz-Atlas pasó una de ellas: ambos fueron locales.
Es que, claro, lo que para los clubes de Primera División puede ser una obviedad y casi una obligación como lo es tener una cancha propia, en los suburbios del fútbol argentino es un lujo que no muchos se pueden dar. En la mayoría de los casos, los equipos tuvieron su propio estadio en un pasado, pero el mismo fue demolido o expropiado y son pocos los que pudieron reinventarse y asentarse en otro lugar. Muñiz entra en la categoría de los que, hoy en día, son nómades, año a año.
Y para este 2026, el Rayo Rojo alquiló la cancha de Atlas para jugar sus partidos de local. La temporada anterior lo hizo en la casa de Juventud Unida, un lugar cercano a donde tiene su sede social, San Miguel. Finalmente, la CD se decantó por General Rodríguez. En la primera rueda de la Primera C, se dio un empate con goles en el Ricardo Puga con el Marrón haciendo de anfitrión. En la segunda vuelta, las localías deben invertirse. Pero, 15 fechas más tarde, por más insólito que suene, en este duelo no hubo cambio y se jugó en la misma cancha, y Atlas fue visitante en su propio estadio ¿Habrán cambiado de vestuario al menos?
Repartieron puntos en una tarde gris
Los objetivos para ambos eran claros: el local (Muñiz) necesitaba sumar puntos como sea para salir del fondo de la tabla y la visita tenía que empezar a acumular unidades para afianzarse en puestos de Reducido. Ninguno logró su cometido: fue un entretenido 1-1, con llegadas, pero donde ambos fueron imprecisos en los metros finales y no pudieron romper la igualdad.
Dylan Albornoz se inventó un golazo desde el vestuario. El #9 recibió un lateral, se sacó de encima a su marca con el control, galopó por el sector derecho y le rompió el arco a Grieger, que nada pudo hacer para detener el 1-0 del conjunto oriundo de San Miguel a los 4′. Pero el equipo de Retamar mejoró a partir de ahí: fue el cachetazo que los despertó. Ojo, el anfitrión no cesó sus ataques y siguió intentando. E l Marrón recién pudo igualar a falta de 7 minutos para el descanso. Leonardo Celín pescó una carambola en el área y se inventó un golazo: remate fuerte y seco a la ratonera.
El segundo tiempo fue un monólogo de los de Insaurralde. Aprovechando su ¿localía? tomaron la posta y tuvieron las más claras. Pero fallaron en la última definición y ahora deberán conformarse con un punto que, igualmente, les sirve para no verse, momentáneamente, en el puesto de promoción.













