Correa es un monstruo. Tengo una anécdota con él. Cuando asumí como manager en San Lorenzo, Ángel estaba en Reserva y faltó una semana a entrenar. Llamé y me dijeron que estaba en Rosario, lesionado. Si estás lesionado podés faltar un día, no una semana. Estuve por echarlo del club. Hablé con Kuyumchoglu, el técnico de la Tercera, y me dijo: ‘Dejamelo a mí’. Y ahí se encarriló, subió a la Primera y la rompió. Menos mal que no lo eché”.
El que relata esta historia (en las 100X100 de El Gráfico) con el atacante campeón del mundo en Qatar 2022 y hoy figura de River es Bernardo Romeo. Y el otro protagonista clave en ese momento de la carrera de Angelito es Fernando Kuyumchoglu, ex jugador y fanático del Millonario que antes de trabajar como formador en el Ciclón había sido entrenador de varias categorías en la cantera de Núñez. “Yo lo tenía visto a Correa desde cuando estaba él jugaba en Séptima y yo dirigía a la Octava de River. Siempre miraba a los chicos rivales de todas las divisiones que podía y en esa fecha contra San Lorenzo lo ‘marqué’ a Correa, que era el 10, y también al 9 de la 95 del Ciclón. Por eso, cuando Romeo me comentó que lo quería echar le pedí que me dejara hablar a mí con el pibe: estaba convencido de lo que era capaz. Es más, empecé a decirle Aladino porque es un mago”, recuerda el hombre que creció rodeado de gloria en los pasillos del Monumental (compartió el plantel con el River campeón del mundo en 1886) y hoy siente “una alegría tremenda por ver a Ángel en River” y hasta se anima a asegurar que #AC10 “va a ser figura e ídolo de River: recién está empezando a mostrar algunas cositas de todo lo que es capaz de hacer”.
-¿Cuál fue tu gestión para que Ángel volviera a entrenarse en San Lorenzo?
-Se había ido a Rosario porque venía teniendo problemas en una rodilla. Lo cité para la pretemporada con la Reserva en el verano de 2013. El plantel tenía que estar a las 8.30 para viajar a Mar del Plata y Correa no llegaba. Pero el micro tampoco, estaba retrasado. Y yo no lo iba a esperar. Al final, el colectivo llegó cinco minutos antes de las 9 y Ángel, a las nueve en punto. Me acerqué y le dije: “¿Usted es Correa? Y cuando me respondió me acuerdo que mi reacción fue comentarle: “Un jugador con mucha suerte”. Claro, porque si no llegaba a subirse a ese micro, su futuro en San Lorenzo ya estaba definido. A partir de esa pretemporada arrancó derecho para la Primera y no bajó nunca más. Me acuerdo que un día un ayudante de (Juan Antonio) Pizzi, el técnico en ese momento, se llevó a Correa, (Gonzalo) Verón y (Matías) Catalán y me dijo: “A estos tres no los ves más, ja”. Y salieron campeones del torneo local (Inicial 2013) y en 2014 ganaron la Libertadores.
-Está claro que no era solamente un jugador con suerte…
-¡Nooo, claro! Siempre digo que es un futbolista con Ángel, como su nombre, pero no solamente por su talento sino porque en todos los clubes que jugó ganó títulos importantes. Tiene eso de los jugadores diferentes, que cuando se inspiran con la pelota en los pies inventan cosas increíbles y encima son ganadores.
-¿Hiciste el intento de llevarlo a River después de que lo viste jugar en esa Séptima de San Lorenzo?
-Sí, sí, por supuesto. Lo tenía marcado a él, que era el 10, y al 9 de esa categoría 95 de San Lorenzo. Pero fue imposible. Ponque encima Ángel ya había estado en la pensión de River. Y se les escapó.
-Sí, fue así. No conozco bien los detalles, pero como en River no estaba jugando mucho o no se sentía cómodo, el Viejo Jorge García, ya fallecido, lo llevó a San Lorenzo, porque tenía contactos ahí. Entonces lo fichó Fernando Verón, en la Séptima fue la figura del equipo campeón y no paró más.
-¿Como lo definís a Correa como futbolista?
-La primera palabra que me sale es potrero. Ángel es eso: potrero, villa, capacidad de superación, talento innato… Yo le decía Aladino y le hacía gestos de que frotara la lámpara porque es así, se inspira y es imparable, como pasó en la jugada del penal que le hicieron contra Argentinos. Yo ya venía de tener a Erik Lamela, a Manu Lanzini y Lucas Ocampos en River Plate y lo comparaba con ese tipo de jugadores, que son diferentes.
-Si lo tuvieras que comparar con algún jugador histórico de River…
– El Burrito Ortega -interrumpe-. No específicamente por las características, pero sí porque no suele lesionarse, se banca las patadas en silencio y se agranda en esas situaciones. Es muy fuerte físicamente a pesar de ser flaquito y en el pie a pie puede inventar cualquier cosa. Es un tocado por la varita que le va a dar muchas alegrías a River.
Un delantero con Ángel…
-¿En qué posición explota mejor sus cualidades?
-Y, es de esos jugadores que necesitan libertad para moverse por todo el frente de ataque. Hay que dejarlo jugar y que vaya tomando confianza, que encuentre los huecos… Recién está arrancando en River, va a ir de menor a mayor y la conexión que tiene con Thiago Almada va a potenciar a los dos.
Un fotón retro
-¿Cuáles pensás que son sus principales virtudes?
-Bueno, el control de espaldas, el giro para los dos perfiles y la gambeta en el uno contra uno. Ojo, no hace todo rápido, eh. Tiene sus tiempos. Todavía no apareció en River el mejor Aladino.
-¿Mantenés el contacto con él?
-No, hace mucho que no hablo, fuimos perdiendo el contacto, pero me gustaría poder darle un abrazo algún día en el club. Yo ahora estoy en Colonia, Uruguay, aunque espero tener la oportunidad de saludarlo pronto. Es un monstruo como jugador y también una gran persona, muy sencillo y humilde.














