El margen es ínfimo. Sumar los tres puntos ante Vélez significará para River sumar una vida más en la búsqueda de comenzar a levantar y a hilvanar resultados positivos, pero un tropiezo será un incómodo retroceso, con el filo del pasado a centímetros en la antesala de un mata-mata copero. Un escenario crucial para un Eduardo Coudet que afrontará un duelo chivo, con muchos ex mezclados y un DT identificado con Boca enfrente.
El Chacho deberá tener precisión quirúrgica para gestionar cargas sin resentir un funcionamiento colectivo que continúa en fase experimental. Después del 2-0 a Argentinos que cortó la mala racha histórica sin victorias, el 0-0 en Bogotá dejó ciertas dudas más allá de los atenuantes que podrían justificar el bajo nivel: los 2.600 metros de altura de Bogotá y las bajas en una defensa atípica.
Dar un paso hacia adelante se impone para mantener alejadas las nubes de tormenta en un Monumental que estalla ante el mínimo relámpago y eso implicará realizar modificaciones puntuales para sostener la estructura ante un rival como el Fortín que, a diferencia de lo que le sucede a su rival, tiene una identidad clara, sabe bien a lo que juega y se mantiene en puestos de vanguardia tanto en su zona en el Clausura como en la tabla anual.
Aunque, como rezarán las tribunas del Liberti luego del partido, “en la Copa tenemos que ganar”, el resultado de hoy marcará el termómetro durante el 26M. Por eso, Coudet sabe que ya tiene a disposición a los citados Gonzalo Montiel, Marcos Acuña y Sebastián Driussi, ya de alta, y también que podrá contar con los laterales que no tiene en la lista de la CS (Giovanni González y Francisco Ortega) y a la vez deberá gestionar los minutos tanto de Ángel Correa como de Thiago Almada, dos piezas indispensables que a la vez no pueden ser sobreexigidas.
En un duelo que suele regalar partidos atractivos, esta nueva edición de River-Vélez tiene condimentos particulares que le dan un gustito especial. Mientras el Monumental se prepara para un partido con aire folclórico por el pasado de Guillermo Barros Schelotto en Boca y el recuerdo de Madrid (GBS era el DT rival), la camaradería marcará la previa, con abrazos por doquier. De un lado Otamendi, Andrada, Almada, Ortega y Galván y del otro Aliendro, Lanzini (anotó en el último 1-0 de Vélez), Mammana y Elías Gómez entrecruzarán recuerdos y emociones que se borrarán durante 90 minutos.
En el llano, en casa y con su gente, esta vez no alcanzará con el “gran punto” que Coudet consideró que se llevaron de Colombia porque “todos hubiésemos firmado el empate antes del partido”. Después de aquella frase, que generó controversia en Núñez, River estará obligado a mostrar una versión más parecida a la que lució ante el Bicho, con más juego, dominio, presencia y otra dinámica. Porque si quiere paz, debe sumar de a tres…













