La frenó con la cara externa del pie derecho y aunque pareció que el control se le fue largo, definió con el mismo botín ante la salida del arquero. En un semillero que no para de dar talentos, la aparición de Jonathan Spiff genera una expectativa especial en Núñez y no solo por ese gol que le dio la victoria a la Reserva de River ante Sarmiento. Por sus virtudes físicas, sus raíces africanas y los movimientos en el área, el delantero empieza a pedir pista y en las oficinas del Monumental ultiman los detalles del que será su primer contrato profesional en el club, hasta diciembre de 2028.
Con la cláusula de rescisión de 100 millones de euros que ya es una costumbre en Núñez a la hora de blindar juveniles, Spiff, mientras prepara la lapicera, disfruta de su presente. Con cuatro gritos en lo que va del semestre, no dudó en hacer el clásico festejo de Sebastián Driussi (con los brazos extendidos y las palmas para arriba) tras anotar en el Camp y los hinchas, que ya lo vieron jugar en Primera en su estreno frente a Blooming, por Copa Sudamericana y en el Monumental, siguen de cerca sus pasos con la ilusión de que en el corto plazo sea killer en el plantel profesional.
Potencia física y juego aéreo: sus virtudes en el área
El joven de 19 años no es un delantero más. Con 1,87 metro de altura, es un #9 muy potente, de esos que exigen al máximo a los centrales rivales. Pero a su imponente porte físico le suma una capacidad natural para el juego aéreo, movimientos ágiles y un manejo de ambos perfiles. Toda esa coctelera de virtudes quedó en evidencia justamente en su conquista frente al Verde, donde demostró que resuelve rápido en el área. Pero detrás del artillero que va pidiendo pista hay una historia de raíces, de sacrificios y de muchísimo esfuerzo.
Jonathan lleva en la sangre una importante mezcla cultural. Es descendiente de Goodwin Spiff, un inmigrante nigeriano que armó el bolso y llegó a la Argentina hace poco más de dos décadas en busca de nuevas oportunidades de trabajo. En Argentina conoció a María, oriunda de la provincia de Entre Ríos, y juntos armaron la familia que hoy infla el pecho de orgullo al verlo jugar con la Banda Roja.
El romance entre el pibe y River arrancó hace ya una década. En el año 2014 le consiguieron una prueba en el club de sus amores gracias a lo que le transmitió su padre y, lejos de achicarse por la presión, el chico la rompió en su primera práctica y los captadores no lo dudaron ni un segundo: quedó seleccionado y comenzó a transitar su camino en River.
El espejo de Julián Álvarez y los ídolos que marcan su camino
Hoy, mientras tacha los días en el calendario para estampar la firma más importante, el atacante tiene los espejos muy claros. Su gran referente es Julián Álvarez, otro producto made in Núñez. Por su parte, Goodwin tiene sus propios ídolos para guiarlo ya que admira a Jay-Jay Okocha, leyenda de Nigeria, y el Burrito Ortega, responsable de que se haya hecho hincha de River al llegar al país.
“Se lo dedico a mi papá. Tal vez nunca se lo digo pero todos mis goles son para él, que se desvivió por mí y por mi familia desde que soy muy chico”, agradeció Spiff tras su reciente tanto, emocionado y también con la ilusión de que en Núñez se empiecen a acostumbrar a gritar sus goles.










