“Me dijeron que en el reino del revés, nada un pájaro y vuela un pez”. No es el mundo imaginario y absurdo que escribió y cantó María Elena Walsh. Es el fútbol argentino, que suele girar al revés de cómo dictan la lógica, la historia y el peso de las camisetas. River perdió los dos partidos que disputó en el arranque del torneo Clausura 2026 y mira a todos desde el fondo de su zona. Del otro lado de la vereda, Boca tropezó en su debut con goleada incluida y también está en la última posición de su grupo. Algo completamente inédito para los dos equipos más populares del país.
Es cierto que la tabla miente un poco por la burocracia del calendario: el Xeneize recién jugará su segundo encuentro frente a Estudiantes la semana próxima, demorado porque este jueves 30 se presenta en Chile ante O’Higgins por la Copa Sudamericana. Sin embargo, durante al menos siete días, la instantánea será una postal insólita: los dos colosos del fútbol criollo compartiendo el fondo de la tabla.
La rareza adquiere otra dimensión al repasar y desempolvar las estadísticas. Ni siquiera en los tiempos fundacionales, cuando ambos moldeaban su identidad en los potreros porteños de La Boca y convivían en la máxima categoría desde 1913, se registra un comienzo semejante. Luego llegó la popularidad en todo el país: Boca a partir de 1925 por la gira por Europa, y River en 1932, por la compra de Bernabé Ferreyra y el mote de Millonario para siempre. Desde entonces, ambos caminan de la mano, se miran, se comparan, puro folclore. Pero jamás desde que están Primera habían coincidido en un fondo de tabla en un torneo de Liga.
Sin embargo, la historia guarda un único y lejano antecedente en una competencia oficial, aunque de carácter absolutamente atípico: la Copa Suecia de 1958. Aquel torneo fue ideado y organizado por la AFA para mantener en competencia a los dieciséis equipos de Primera División mientras la Selección Argentina disputaba el Mundial en Europa.
El certamen se dividió en dos zonas de ocho equipos cada una. La radiografía de aquella tabla tras la undécima fecha, disputada el 29 de junio de 1958, rozaba el absurdo estadístico. En la Zona A, Boca marchaba último con apenas 5 puntos (un triunfo, tres empates y siete derrotas), un punto por debajo de Central Córdoba de Rosario. En la vereda de enfrente, la Zona B mostraba a un River también hundido en el fondo con 6 unidades (dos victorias, dos igualdades y siete caídas), escoltado de cerca por San Lorenzo e Independiente, que sumaban 10.
Esta fue la última vez que los dos estaban solos en el último lugar, pero también habían ocupado el último puesto en la décima fecha. La historia comenzó en la quinta fecha, con Boca y Central Córdoba con dos puntos en la zona A, y River, Gimnasia y Argentinos, cuatro en la B. En la sexta fecha, el Xeneize estaba último solo con dos puntos y el Millonario tenía cuatro al igual que Gimnasia y Argentinos. En la séptima, octava y novena, en tanto, Boca compartía el último lugar con el Charrúa rosarino mientras que River estaba solo. Finalmente, en la décima y undécima jornada, cada uno estaba solo en su zona. Ya en la fecha 12, Boca salió del último lugar, mientras que River lo mantuvo hasta la última fecha, la 14.
La depresión del fútbol argentino aquel 29 de junio de 1958 era enorme: cuatro de los cinco grandes poblaban los sótanos de las tablas domésticas,con la única excepción de Racing, que lideraba cómodo la Zona A con 15 puntos, la Selección había quedado eliminada de la Copa del Mundo de Suecia tras ser goleada por Checoslovaquia por 6-1. Y ese mismo día, Brasil se coronaba campeón del mundo tras golear 5 a 2 a Suecia.
La anomalía duró lo que tardó en reanudarse el torneo oficial de Primera División la semana siguiente. La Copa Suecia, catalogada como un certamen irregular que no volvió a repetirse, y cuyo título quedó en manos de Atlanta recién en marzo de 1960, diluyó el papelón de los gigantes en una mera anécdota de archivo. Pero la coincidencia, al fin y al cabo, existió.
Para dimensionar la rareza del presente, hay que recordar que River perdió los dos primeros partidos de un torneo en contadas ocasiones: apenas ocurrió en 1940, el Metropolitano de 1974, la temporada 1988/89, los Clausura de 1993, 1994 y 1995, y ahora.
Del otro lado, la estadística de Boca registra siete antecedentes de caídas en sus dos presentaciones iniciales: 1916, 1942, 1949, Metropolitano 1975, Metropolitano 1984, la temporada 1987/88 y el Apertura 2001. Nunca coincidieron.
Si el equipo de Arruabarrena cae ante Estudiantes el próximo miércoles, sumará la octava vez en su historia y por primera vez los dos habrán firmado un arranque de dos jugados y dos perdidos en simultáneo. El reino del revés, por un rato, tiene dueños propios.









